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¿Qué es la retroalimentación?
©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso

La palabra inglesa "feedback" ("feed", alimentar, y "back", atrás o de regreso), se tradujo por mucho tiempo al idioma español como "retroalimentación". Originalmente, la expresión se refería al sonido de un altavoz que producía un pito ensordecedor al introducirse nuevamente por un micrófono cercano. Solía decirse que el equipo estaba acoplándose o retroalimentándose.

Posteriormente, en el ámbito empresarial, la forma "retroinformar" se popularizó para referirse a la información que se recogía de la clientela y de los empleados con la finalidad de conocer su manera de ver la empresa o sus productos, para que los directivos tomaran mejores decisiones en el futuro. Esa es la forma como se la usa actualmente.

Sin embargo, siendo que en Oratorianet consideramos que la reacción del auditorio o del interlocutor comprende mucho más que información, puesto que hay emociones y sensaciones envueltas, preferimos usar el término retroalimentación por ser más abarcador y significativo, ya que tal como no todo lo que uno come resulta nutritivo o alimenticio, tampoco toda información es útil o nutritiva para la mente, el corazón y el espíritu. En vez de decir "retroinformación", "retroemoción" o "retrosensación" para referirnos a los diferentes efectos, preferimos decir "retroalimentación" por ser un término sinérgico.


Retroalimentación o retroinformación es la respuesta que obtienes de la(s) persona(s) que recibe(n) un mensaje tuyo, y te sirve como elemento de juicio para evaluar si se entendió lo que quisiste decir, si lograste un acuerdo o si te brindarán su apoyo.

Se considera que no existe comunicación mientras no haya una respuesta que indique que el mensaje fue recibido y entendido. Pero la retroalimentación va más allá. No solo sirve para dar por concluida la comunicación o continuarla, sino para motivarte, nutrirte o alimentarte en sentido intelectual, emocional o espiritual.

Toda respuesta proveniente de tus oyentes conlleva el potencial de motivarte o desmotivarte, fortalecer o debilitar tus propósitos, moverte a más acciones relacionadas con el mensaje o paralizarte y dejarte fuera de acción.

Ahora bien, la retroalimentación no solo es útil en un discurso, para saber si tus oyentes están entendiendo y siguiendo de cerca la idea, sino para redirigir o rediseñar tus planes o estrategias en general. Por ejemplo, el marketing o las técnicas de mercadeo sirven a ese propósito, permitiendo a los empresarios afinar sus proyectos de ventas.

La manera más fácil de obtener respuestas que sirven de retroalimentación es hacer preguntas bien pensadas o analizar cuidadosamente las actitudes y reacciones de las personas. Cuando este análisis se lleva a cabo metódicamente, se trata de una ciencia muy iluminadora y provechosa para conocer a la gente. Si un orador bloquea a sus oyentes y les impide intervenir o interrumpir con preguntas o comentarios, pierde un provechoso recurso para redirigir, orientar y dar más eficacia a sus futuras explicaciones.

Lógicamente, un orador debe permitir o no dichas interrupciones dependiendo de si aparentemente resultarán convenientes al propósito de hacer una presentación clara. En unos casos conviene que los oyentes interrumpan y formulen preguntas (porque sería absurdo continuar si no están entendiendo la explicación), y en otros no (cuando el orador ya conoce las preguntas recurrentes y las tendrá en cuenta en la explicación).

A medida que un orador experimentado presenta el mismo discurso (como sucede en el caso del maestro que repite una misma explicación a diferentes grupos de alumnos), incorporará cada vez más respuestas a preguntas que fueron formuladas en anteriores ocasiones, de modo que finalmente todas las respuestas a las preguntas recurrentes terminan por ser incorporadas en el discurso, dejando al auditorio satisfecho y sin preguntas.

Por lo tanto, la retroalimentación es al mismo tiempo una herramienta de sondeo y un factor motivacional para el orador eficaz, el cual debe evitar sofocar la necesidad de sus oyentes de hacer preguntas o expresar sus inquietudes y comentarios. Sin embargo, queda a su criterio personal si permite que las preguntas o comentarios se formulen durante la explicación, al final de la misma o por escrito, ya sea para responderlas en ese u otro momento.

Por eso, escucha atentamente cuando alguien te comunique una idea, responda una pregunta u ofrezca un comentario u opinión, porque el prestar atención y a las reaciones de las personas, especialmente a los detalles, es la base de la retroinformación o retroalimentación eficaz.

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Posteriormente, en el ámbito empresarial, la forma "retroinformar" se popularizó para referirse a la información que se recogía de la clientela y de los empleados con la finalidad de conocer su manera de ver la empresa o sus productos, para que los directivos tomaran mejores decisiones en el futuro. Esa es la forma como se la usa actualmente.
¿Qué es retroalimentación?
©Miguel Ángel Ruiz Orbegoso

La palabra inglesa "feedback" ("feed", alimentar, y "back", atrás o de regreso), se tradujo por mucho tiempo al idioma español como "retroalimentación". Originalmente, la expresión se refería al sonido de un altavoz que producía un pito ensordecedor al introducirse nuevamente por un micrófono cercano. Solía decirse que el equipo estaba acoplándose o retroalimentándose.

Posteriormente, en el ámbito empresarial, la forma "retroinformar" se popularizó para referirse a la información que se recogía de la clientela y de los empleados con la finalidad de conocer su manera de ver la empresa o sus productos, para que los directivos tomaran mejores decisiones en el futuro. Esa es la forma como se la usa actualmente.

Sin embargo, siendo que en Oratorianet consideramos que la reacción del auditorio o del interlocutor comprende mucho más que información, puesto que hay emociones y sensaciones envueltas, preferimos usar el término retroalimentación por ser más abarcador y significativo, ya que tal como no todo lo que uno come resulta nutritivo o alimenticio, tampoco toda información es útil o nutritiva para la mente, el corazón y el espíritu. En vez de decir "retroinformación", "retroemoción" o "retrosensación" para referirnos a los diferentes efectos, preferimos decir "retroalimentación" por ser un término sinérgico.

Retroalimentación o retroinformación es la respuesta que obtienes de la(s) persona(s) que recibe(n) un mensaje tuyo, y te sirve como elemento de juicio para evaluar si se entendió lo que quisiste decir, si lograste un acuerdo o si te brindarán su apoyo.

Se considera que no existe comunicación mientras no haya una respuesta que indique que el mensaje fue recibido y entendido. Pero la retroalimentación va más allá. No solo sirve para dar por concluida la comunicación o continuarla, sino para motivarte, nutrirte o alimentarte en sentido intelectual, emocional o espiritual.

Toda respuesta proveniente de tus oyentes conlleva el potencial de motivarte o desmotivarte, fortalecer o debilitar tus propósitos, moverte a más acciones relacionadas con el mensaje o paralizarte y dejarte fuera de acción.

Ahora bien, la retroalimentación no solo es útil en un discurso, para saber si tus oyentes están entendiendo y siguiendo de cerca la idea, sino para redirigir o rediseñar tus planes o estrategias en general. Por ejemplo, el marketing o las técnicas de mercadeo sirven a ese propósito, permitiendo a los empresarios afinar sus proyectos de ventas.

La manera más fácil de obtener respuestas que sirven de retroalimentación es hacer preguntas bien pensadas o analizar cuidadosamente las actitudes y reacciones de las personas. Cuando este análisis se lleva a cabo metódicamente, se trata de una ciencia muy iluminadora y provechosa para conocer a la gente. Si un orador bloquea a sus oyentes y les impide intervenir o interrumpir con preguntas o comentarios, pierde un provechoso recurso para redirigir, orientar y dar más eficacia a sus futuras explicaciones.

Lógicamente, un orador debe permitir o no dichas interrupciones dependiendo de si aparentemente resultarán convenientes al propósito de hacer una presentación clara. En unos casos conviene que los oyentes interrumpan y formulen preguntas (porque sería absurdo continuar si no están entendiendo la explicación), y en otros no (cuando el orador ya conoce las preguntas recurrentes y las tendrá en cuenta en la explicación).

A medida que un orador experimentado presenta el mismo discurso (como sucede en el caso del maestro que repite una misma explicación a diferentes grupos de alumnos), incorporará cada vez más respuestas a preguntas que fueron formuladas en anteriores ocasiones, de modo que finalmente todas las respuestas a las preguntas recurrentes terminan por ser incorporadas en el discurso, dejando al auditorio satisfecho y sin preguntas.

Por lo tanto, la retroalimentación es al mismo tiempo una herramienta de sondeo y un factor motivacional para el orador eficaz, el cual debe evitar sofocar la necesidad de sus oyentes de hacer preguntas o expresar sus inquietudes y comentarios. Sin embargo, queda a su criterio personal si permite que las preguntas o comentarios se formulen durante la explicación, al final de la misma o por escrito, ya sea para responderlas en ese u otro momento.

Por eso, escucha atentamente cuando alguien te comunique una idea, responda una pregunta u ofrezca un comentario u opinión, porque el prestar atención y a las reaciones de las personas, especialmente a los detalles, es la base de la retroinformación o retroalimentación eficaz.
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